Mirando más allá del enfado y las "conductas no adecuadas" de nuestros hijos

enfado

Uno de los mayores retos que afrontamos como padres, está relacionado con las “conductas no adecuadas” de nuestros hijos. Creo que es importante ser consciente de lo que pasa por la cabeza de un niño, cuando toma la decisión de hacer una de esas “conductas no adecuadas”, ya que nos ayudará a tomar mejores decisiones a la hora afrontarlas, y sobre todo, sabremos cómo abordarla y cómo podremos ayudar a nuestros hijos para que se hagan responsable de la misma.

Por eso, he decido compartir con vosotros dos post que tratan del enfado y las “conductas no adecuadas” de nuestros hijos. Confío en que estas entradas os hagan reflexionar, igual que lo he hecho yo, a cerca de lo que supone en enfado en nuestros hijos, y cómo podemos afrontarlo. ¡Empezamos!

¿Qué es el enfado?

El enfado nos informa de que alguien o algo ha traspasado tus límites, te sientes herido o sientes que te han quitado algo que tienes que recuperar. Es la emoción que más energía genera, y nos impulsa a la acción de manera inmediata para recuperar la pérdida.

Los niños pueden y deben enfadarse, enfadarse les ayuda a sobrevivir. Por eso, la comprensión del adulto en este punto es clave. No luches contra el enfado de tu hijo, asume que cuando tu hijo se enfada, no tiene apenas recursos para afrontarlo y te necesita a su lado más que nunca. A su lado para que le escuches, le valides (la emoción, que no necesariamente la conducta), le consueles y le apoyes. O, ¿es que acaso cuando ves que un adulto se enfada y no sabe cómo gestionarlo, no piensas que necesita ayuda? Tu hijo no es menos. Te necesita a su lado de manera incondicional, para que le muestres cómo hacerlo (neuronas espejo). Y únicamente haciéndolo así, estarás poniendo en práctica tu inteligencia emocional.

Recuerda que, como padre, el estar receptivo a estados emocionales desagradables, hará que puedas conectar con tu hijo desde la escucha sincera (empática) que él necesita. Ten presente su aquí, ahora y a mi manera, y aparca por un momento tu aquí, ahora y a tu manera. De otro modo, no le podrás enseñar realmente lo que todo padre busca para su hijo: tolerancia, empatía, respeto, autoestima, asertividad, toma de decisiones, responsabilidad, etc.

¿Para qué sirve el enfado?

Solo viendo el enfado como una comunicación muy valiosa que te trae tu hijo, podrás comenzar a interpretar el mensaje que trae oculto y a descifrarlo juntos. Cuando tu hijo se enfada, no consideres que te está desafiando, tan solo está explorando nuevas maneras de relacionarse y satisfacer sus deseos.

Todas las emociones tienen algo que enseñarnos, nos hablan de las necesidades que tenemos no cubiertas, y también de los beneficios que tiene el permitirnos sentirlas en todo su esplendor. Por eso, cuando tu hijo se enfada, es importante que le enseñes que su ira le está informando de alguno de los siguientes puntos:

  • Que es suyo, y ha perdido.
  • Que está siendo tratado injustamente, o que lo que pasa es injusto.
  • De los obstáculos para alcanzar sus metas.
  • Que debe defender sus derechos.
  • Que debe establecer límites.
  • Que debe luchar para conseguir lo que quiere.
  • Que puede crecer y ampliar su territorio.

Y una vez que tanto tú como padre, como tu propio hijo sabéis necesidad no cubierta que ha causado el enfado, es muy importante enseñar a los niños a regular su enfado.

Detrás de cada emoción hay una necesidad no satisfecha.

La necesidad de tu hijo, por muy banal que te pueda resultar, es su necesidad, y para él, es lo más importante en ese momento. Por lo tanto, ¿qué crees que cambiaría si en lugar de quedarte simplemente en la conducta de tu hijo, mirases más allá y averiguases lo que la está motivando? Para el niño, el enfado no es el problema, su problema es la solución a su necesidad no satisfecha. Si cuando a tu hijo le quitan su camión rojo favorito en el parque, lo único que haces es amenazarle y castigarle por no querer compartirlo, le estaremos enseñando conductas muy distantes de lo que realmente queremos enseñarle.

Un truco que viene muy bien, es pensar de la siguiente manera: primero, valida su emoción y después reconduce la conducta y pon límites desde la firmeza (autoridad, que no autoritarismo) y el cariño (respeto). Estos son los principios fundamentales de lo que conocemos como Disciplina Positiva).

SOS, ¡rabietas!

En este punto, es interesante analizar el maravilloso mundo de las rabietas. Imagino que la mayor parte de vosotros coincidirá conmigo en que las rabietas pueden llegar a ser inmanejables e incómodas. Los niños tienen rabietas porque están cansados, porque los llevamos a sitios en los que no tienen las habilidades y recursos para manejarlas, o simplemente porque detrás de la rabieta hay una necesidad no cubierta.

Existen distintos tipos de rabietas en función de si provienen del cerebro superior (neocortex) o del inferior (amígdala).

  • Rabietas del cerebro SUPERIOR: se reconocen fácilmente ya que el niño DECIDE tener una pataleta. Es decir, toma la decisión consciente de ponernos a prueba hasta agotar nuestra paciencia, y será capaz de pararla, bien por iniciativa propia en cuanto obtenga lo que pide, o por el contrario, si le amenazamos con la pérdida de algo apreciado para él. Ejemplo de ello sería el niño que en el centro comercial chilla incesante porque quiere que le compres a toda costa un juguete que acaba de ver en el escaparate. Con su conducta completamente racional, manipula a los padres para que dejen de hacer lo que sea y le compren el juguete.
  • Rabietas del cerebro INFERIOR: suelen darse en niños de entre uno y tres años. En este caso, el niño está tan alterado que no es capaz de utilizar el cerebro superior. Su amígdala ha tomado los mandos de su cerebro, y las hormonas del estrés que invaden su cuerpo, afectan también a la parte superior del cerebro, por lo que no puede plantearse consecuencias, ni dominar sus emociones, y mucho menos su cuerpo. Tampoco podrá resolver problemas, o tener en cuenta los sentimientos de los demás.

Para abordar las rabietas del cerebro superior, es imprescindible establecer límites claros y una buena conversación sobre lo que se considera o no una conducta adecuada y las posibles consecuencias. En este caso se podría decir algo así como “entiendo que estés enfadado, que te apetezca mucho comprar ese juguete y aun así, no me gusta cómo te comportas. Por favor hablemos de qué otras alternativas existen que no sea cómpralo ya”. La clave como siempre, validar sentimiento y ponerle nombre, y después explorar con el niño qué otras alternativas hay para solucionar su problema. Cuanto más utilicemos estas estrategias y no cedamos a sus chantajes, más les estaremos ayudando a utilizar su cerebro superior y a salir del inferior, y veremos cómo poco a poco se reducen estas conductas.

En caso de las rabietas del cerebro inferior, la actuación es muy distinta. En primer lugar habrá que conectar, validar emociones, y ayudarle a tranquilizarse. Suele conseguirse con contacto físico y voz apaciguadora, y si el niño corre peligro porque se agrade a él mismo, a otros o a objetos, lo mejor es retirarle de la escena con cariño y tranquilizarlo. Habrá que utilizar distintas alternativas en función de la edad y del temperamento del niño, pero lo más importante es no dejarle nunca solo porque necesita tu ayuda para tranquilizarse. Solo cuando se haya calmado, podrás dialogar con el niño para activar su cerebro superior, y en función de su edad animarle a hablar de lo que ha pasado, poniendo nombre a la emoción.

Por último, tengamos en cuenta que si pedimos a los niños que inhiban sus propias emociones, aparte de que esta acción depende de los lóbulos prefrontales que aún no están desarrollados, les estaremos privando que exploren, sean creativos y curiosos.

Hasta aquí, esta primera aproximación al enfado y las “conductas poco adecuadas”. En la próxima entrada, hablaremos sobre qué hay detrás de las “conductas poco adecuadas”, y cómo podemos afrontarlas.

Un abrazo,

Adriana

Si te ha gustado el post, ¡compártelo!

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest

3 opiniones en “Mirando más allá del enfado y las “conductas no adecuadas” de nuestros hijos (parte I)”

  1. Me ha encantado tu post! Me ayuda en esta retadora tarea de ser madre de 3 pequeñuelos.Deseando leer el siguiente post.

    Beatriz

    1. Muchísimas gracias Beatriz, encantada de poder acompañarte en esta maravillosa labor.
      Un abrazo,
      Adriana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *