¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a descubrir sus talentos?

Antes de leer este artículo, te invito a cerrar los ojos, y con tu mano en pecho, pregúntate: ¿Cuál es tu pasión? ¿Y la de tu hijo? Confío y deseo en que al finalizar esta lectura, tengas alguna pista de cómo contestar a estas preguntas, si es que tu respuesta ha sido “no”.

Ampliando la visión sobre el concepto de inteligencia ¿Cuántas veces has escuchado frases del tipo?: “no es muy inteligente, no llegará muy lejos; “qué chico tan inteligente, ¡podrá hacer lo que quiera! Tiene un currículo excelente, ¡debe ser inteligentísimo! No sé tú, pero yo cuando escucho esto, lo primero que me pregunto es, ¿qué significa para esta persona la inteligencia? En los inicios de mi carrera profesional, trabajé para una prestigiosa firma de abogados, realizando entrevistas de selección para incorporar al despacho perfiles junior. Recuerdo entrevistar a infinidad de candidatos, a priori, “súper inteligentes”. Poseían expedientes académicos deslumbrantes, varias matrículas de honor, y cursos en buenas Escuelas a la par que estudiaban su carrera. Pues bien, no todos eran aptos para el puesto, y en esas entrevistas, veía como los candidatos no me miraban a los ojos, carecían de habilidades sociales, o simplemente se ponían tan nerviosos, que eran incapaces de articular palabra. ¿Dónde estaba mi labor como profesional? En discernir que por mucho que tuviera matrícula de honor, probablemente no sobreviviría en un entorno muy exigente y demandante como el de estos despachos. ¿De qué le había servido las notas excelentes?Antiguamente se entendía por “ser inteligente” el obtener buenos resultados académicos, el poseer títulos y por qué no, si se te daban bien las mates o la lengua, ya tenías mucho ganado. Los tiempos han cambiado, y la sociedad demanda personas que sean capaces de tomar decisiones, que sepan resolver conflictos, que se conozcan a sí mismos y se sientan bien con lo que ven, que sepan empatizar con el otro, etc.

El sistema educativo no lo pone fácil, puesto que normalmente solo premia a los “buenos académicamente”. Como primera reflexión, me gustaría apuntar que un niño, es más que sus notas, y que tanto su entorno familiar como escolar, debería acompañarlo en la búsqueda de sus pasiones (talentos). Aún recuerdo los tests de inteligencia que me hacían cumplimentar en el colegio, atendiendo únicamente al famoso “CI”, o “Cociente Intelectual”. Lo peor llegaba cuando te informaban de los resultados, y si no se te daban muy bien las mates o la lengua, ya eras candidato a tener la etiqueta “poco inteligente”. El concepto de CI fue inventado por Binet, y mide únicamente dos tipos de inteligencias (la matemática y la lingüística). Pero, ¿y qué pasa con todas las personas que no destacan en estas categorías? ¿Inferimos que no son inteligentes?

Con el tiempo, se vio que el hecho de tener un CI alto o muy alto, no significaba en absoluto poseer éxito personal o profesional, ni adaptación social. Y estoy segura que todos conocemos personas con un CI dentro de la normalidad, y que destacan en la vida como empresarios, periodistas, músicos o deportistas.

Fue el psicólogo Howard Gadner, el que en 1983 propuso una visión más profunda y desarrollada sobre el concepto de inteligencia, publicando la conocida Teoría de las Inteligencias Múltiples. Esta teoría destierra definitivamente la idea de una inteligencia única, que sirva para todo, y que por sí sola convierta a una persona en inteligente.

Esta teoría es un modelo, en el que la inteligencia es vista como un conjunto de inteligencias distintas e independientes. Lo más habitual es que cada persona tenga en torno a tres o cuatro más desarrolladas, dentro de las ocho que la conforman:

  • Lógico matemática: capacidad de entender las relaciones abstractas (matemáticos, científicos).
  • Lingüística: capacidad de entender y utilizar el propio idioma (escritores, profesores).
  • Espacial: capacidad de percibir la colocación de los cuerpos, de hacer un mapa mental, de orientarse (pintores, escultores, arquitectos).
  • CorporalCinestésica: capacidad de percibir y reproducir el movimiento (deportistas, bailarines).
  • Musical: capacidad de percibir y reproducir la música.
  • Naturalista: capacidad de sintonizar con la naturaleza.
  • Intrapersonal: capacidad de conocerse así mismo, regularse y motivarse.
  • Interpersonal: capacidad de ponerse en el lugar del otro y tratarlo adecuadamente.

Como nota para el lector, apuntar que la Inteligencia Emocional se conforma de las dos últimas inteligencias, intra e interpersonal.

De confirmarse dicha teoría, tendría profundas repercusiones en la educación, puesto que abriríamos la puerta a tantos y tantos niños y sus talentos desterrados, porque éstos están más cerca, por ejemplo, de la inteligencia musical o corporal-cinestésica, que de la matemática y la lingüística. Gadner nos dice, “podemos ignorar las diferencias y suponer que todas nuestras mentes son iguales, o podemos aprovechar estas diferencias”.

¿Quieres conocer en qué inteligencias destacas? Hay muchas páginas en internet con tests, te dejo una por si quieres probar. Test de inteligencias múltiples

Cómo puedes ayudar a tus hijos a conocer sus talentos

 Ken Robinson, en su obra El quinto elemento, nos anima a buscar dentro de nosotros mismos nuestras habilidades, destrezas, pasiones, en definitiva, lo que nos hace feliz. Y cuando encontramos lo que él denomina “el elemento”, habremos alcanzado el estado de “fluir”.

El sistema familiar es crucial es esta búsqueda, y como padre o madre, puedes y debes ayudar a tus hijos desde que son bien pequeños, a que indaguen en su interior y que comiencen a vislumbrar lo que en el futuro serán sus talentos, (sus elementos). Comparto contigo algunas ideas para que pongas esto en práctica:

  • Observa a tu hijo: y no me refiero al sentido literal de la frase. ¿Eres consciente de lo que le gusta? ¿De lo que es importante para él (valores)? ¿En qué tipo de inteligencia destaca? ¿Qué se le da bien hacer? ¿Qué le requiere más esfuerzo? ¿Con qué sueña? No des nada por hecho, tu hijo es un ser independiente de ti, y tiene todo el derecho a vivir su propia vida. Qué bonito es que puedas acompañarlo en el camino.
  • Ofrécele oportunidades: oportunidades dónde pueda conocerse mejor, donde pueda errar, y aprender de ello. Oportunidades para que explore y pruebe lo que le hace vibrar y lo que no. Porque recuerda, que es peligroso que como padres proyectemos en nuestros hijos todo lo que quisimos y no pudimos, o lo que nos hubiera gustado para con nosotros y no fue. Comparto contigo un libro para que puedas trabajar con tu hijo este tema. Se llama Genialmente, de Begoña Ibarrola. En él encontrarás multitud de juegos, retos y actividades para que haga tu hijo, y él mismo, y tú seáis conscientes de qué inteligencia predomina en él.
  • Ayúdale a desarrollar su cerebro: cada una de las ocho inteligencias de Gadner está localizada en una parte del cerebro. El hemisferio derecho se focaliza en la parte lingüística, el razonamiento, la lectura, la expresión oral, etc., mientras que funciones como la creatividad, el arte, la música, la intuición, están desarrolladas por el hemisferio izquierdo. De ahí la importancia de ofrecer a nuestros hijos distintas alternativas para que prueben.
  • Pon foco: cuando tu hijo consiga averiguar en qué inteligencias destaca, ayúdale a poner enfocarse en ellas y a que la desarrolle. Porque sólo inculcándole esfuerzo y determinación, podemos convertir “algo que se nos dé bien” en un talento.
  • Motívale: cuando nuestros hijos son pequeños es relativamente fácil motivarlos, aún nos ven como “súper héroes”. Sin embargo, en plena adolescencia, los héroes ya son otros. Como padres debemos estar siempre a su lado. Entender que para convertirse en adultos, es necesario que se despendan poco a poco de tu lado, que te cuestionen lo que antes estaba claro, porque ahora necesitan experimentarlo por ellos mismos. Que se hagan responsables de sus actos, y para ello deben experimentar algunas consecuencias.

Y desde la escuela, ¿cómo se aplican la Teoría de las Inteligencias Múltiples?

Conozco ya multitud de centros educativos que alardean de que su profesorado está formado en inteligencias múltiples y que el currículo lo fomenta. Y cuando convives con el sistema y el día a día de ese colegio, ves que realmente no se lleva a la práctica. Vaya por delante que creo por encima de todo en la buena intención de los educadores, pero si ellos mismos no cuentan con los recursos necesarios, nunca podrán poner en marcha esta Teoría.

¿Cómo puede aplicar un educador esta teoría en el aula? Os muestro un ejemplo. Lunes por la mañana, clase de matemáticas. Los niños de 2 de la ESO están estudiando las parábolas. El profesor ya explicó la semana pasada lo que son, para qué sirven y cómo se calculan. Todos los alumnos estaban sentados en sus sillas mirando hacia la pizarra, y los “cogotes” de sus compañeros. Este profesor es consciente de que en su clase tiene alumnos (por simple estadística si no ha pasado tests previamente), que destacan en la inteligencia matemática. Pero también es consciente de que otros tantos no, y que necesitan, atención, aprender matemáticas desde otra inteligencia. Por eso, este lunes decide bajar con toda la clase al patio del colegio donde están ubicadas las canchas de baloncesto. Invita a sus alumnos a tirar a canasta, mientras otros realizan los cálculos de la parábola que forman las pelotas hasta que encestan. Esta es una de las múltiples maneras en las que los niños pueden desarrollar sus inteligencias, no todos los niños aprenden de la misma manera y desde la misma inteligencia.

Me gustaría hacer una última reflexión al respecto. Bajo mi punto de vista, los sistemas educativos deberían poner al sujeto para el que trabajan, el alumno, en el centro. Y solo de este modo, podremos ayudar a nuestros niños a explorar en su interior, a darles herramientas para que encuentren sus talentos, y a respetar sus maneras y ritmos de aprendizaje. Creo que ya va siendo hora de explorar otras alternativas a las pruebas y exámenes infinitos, y en crear espacios abiertos donde los niños decidan lo que quieren ser por ellos mismos.

Cuídate.

Adriana Díaz

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