Otra mirada a la educación durante la cuarentena

El fin del curso escolar se acerca, y entre clases online y plataformas digitales en el mejor de los casos, niños y adolescentes se han enfrentado a una realidad educativa a la que no estaban ni preparados ni acostumbrados. Las instituciones educativas han continuado con sus enseñanzas, siempre con flexibilidad y adaptando los contenidos a la nueva situación. Mi intención con este artículo es reflexionar sobre las oportunidades que nos ha brindado el estar confinados a la hora de educar a nuestros hijos, más allá del currículo académico.

Radiografía de un día durante la cuarentena

Desde que el estado de alarma llegó a nuestras vidas, las familias y sus casas nos hemos convertido en espacios multiusos. En mi caso, uno de esos espacios ha sido un aula improvisada donde mis hijos han continuado con su educación, cómo han podido. Durante estos casi tres meses, y de la noche a la mañana, los niños se han adaptado de manera extraordinaria a una situación inesperada. El ver a sus profesores a través de YouTube, y en el mejor de lo casos, de manera online por alguna plataforma digital, es ya una rutina totalmente normalizada. Entre clase y clase, por supuesto, no han parado los exámenes online y los deberes para entregar vía email, por WhatsApp, por la plataforma del cole, etc. Por supuesto, los chats de padres han quemado de actividad. Con la mejor de las intenciones, todos, hemos arrimado el hombro y nos hemos apoyado unas familias a otras. Porque no nos olvidemos, que por unos meses, quien más y quién menos ha ejercido de profesor de su hijo.

Desde el principio de la cuarentena, y cuando fui consciente de que la situación iba para largo, me hice las siguientes preguntas. ¿Cómo quiero que vivan mis hijos esta situación? ¿Cómo me gustaría que la recordasen? ¿En qué me gustaría que se focalizasen a nivel educativo? ¿Qué rol voy a jugar cómo “profesora” de mis hijos? Para mí, todas las respuestas tenían un eje común. Asegurar el bienestar emocional.

En plena época de reuniones de claustros de profesores para acordar las notas finales, tengo la impresión de que aún en estas circunstancias, el sistema educativo continúa primando los contenidos ordinarios, en lugar de incluir otro tipo de competencias y habilidades para la vida. Ya lo decía el psicopedagogo Francesco Tonucci en una entrevista en el mes de Abril en plena cuarentena: “No perdamos este tiempo precioso dando deberes”.

¿Qué has aprendido durante la cuarentena?

Esta fue una de las tareas que tuvo que hacer mi hija de 8 años hace unas semanas. No sé a vosotros, pero a mí me fascina la pregunta. Directa, sin juicio y abierta a que los alumnos exploren, indaguen en su interior y reflexionen sobre los aprendizajes de estos meses.

Aún encontrando a determinados centros educativos y profesores que quieran ir un poco más allá de lo establecido, no deja de ser un hecho aislado. Hasta que los distintos Gobiernos y las Autonomías no reconozcan la necesidad de sentarse a modificar el sistema educativo, esto se quedará en una anécdota. El sistema de evaluación sigue siendo el mismo que hace un siglo, no ha cambiado ni un ápice. Como madre, ahora mismo, y con un clic, ya puedo acceder a las notas numéricas de mis hijos de la tercera evaluación en las distintas asignaturas (lengua, matemáticas, ciencias, inglés, etc.). Pero ¿quién evalúa las respuestas a la pregunta “¿Qué has aprendido durante la cuarentena? ”? Nadie. Y es una pena, porque en mi opinión, los niños y adolescentes han incorporado y desarrollado habilidades y competencias extraordinarias, que ni sus tutores ni el “sistema” es capaz de enseñar, ni evaluar.

Lo he comentado en más ocasiones, las empresas invierten mucho presupuesto en formar a sus empleados en “soft skills”. ¿No será más interesante incorporarlas en el currículo académico desde la etapa infantil? Se me hace raro que una persona con 40 años se tenga que formar en trabajo en equipo, negociación o comunicación eficaz. De verdad, no lo entiendo.

Más allá del currículo académico

Pues eso, que además de mi teletrabajo y entre videollamadas, redacción de informes, y gestión del email, me gano un dinerito extra (ah no, ¡que no está remunerado!), haciendo de profe de mis hijos. Y como nadie me ha dado pautas, he decido establecer las mías propias. Así que estas son algunas de las asignaturas que en mi familia estamos aprendiendo y reforzando durante estos meses:

“Respeto por las necesidades de todos los miembros de la familia; empatía por los sentimientos de los demás; gestión emocional (y no solo de emociones básicas como el enfado, la tristeza, o el miedo etc.), también de otras más complejas como la culpa, los celos, la envidia o la frustración; responsabilidad ante las obligaciones diarias y las tareas de la casa; gestión y planificación del tiempo a través del estudio; cooperación y trabajo en equipo; autonomía y gestión de conflictos (¡en esto ya tenemos un Master!). Uf, solo con escribirlo pienso que al menos nos merecemos un notable. Pero no acaba ahí la cosa. Han sido muchas semanas sin salir de casa, conviviendo 24 horas al día, con mucho espacio para la reflexión, y dónde también han surgido conversaciones y reflexiones sobre la gratitud, la compasión, el disfrutar del momento presente, de lo sencillo, de conectar con lo que verdaderamente importa. También hemos vivido momentos de aburrimiento, que luego han dado lugar a actividades insospechadas. Tiempo para el duelo y el llanto, y para la euforia y las carcajadas. Tiempo de reencontrarse con uno mismo, con tus luces y sombras, con tus sueños. Tiempo para aprender a ser resilientes. Tiempo para aprender a aceptar, lo que fue, lo que hay y lo que viene. Tiempo para focalizarte en lo que está en tu mano. Tiempo para construir desde lo que nos une, y dejar atrás las diferencias. Tiempo para transformar la queja en petición. Tiempo para amar. Tiempo para no hacer nada, para no hacer nada.”

Aún no sé las notas que sacarán mis hijos este año, y realmente no es que le de mucha importancia, porque estoy convencida de que, si los profesores estuvieran habilitados para evaluar lo realmente aprendido en la pandemia, todos los niños y adolescentes obtendrían la máxima calificación.

Seguro que me dejo aprendizajes por el camino, y que muchos otros están por venir. Y seguro que tú y tu familia habéis aprendido lo mismo o cosas similares. Estoy segura. Porque, aunque no lo hayas reflexionado como yo hago ahora, esta es nuestra misión como padres: educar a nuestros hijos en las habilidades de vida para que sean felices. Y tengo la esperanza de que más pronto que tarde, los gobernantes de este país escuchen las plataformas de profesores y las asociaciones de padres y madres que piden un CAMBIO EN LA EDUCACIÓN, YA.

Cuídate,

Adriana

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